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Casa del Defensor del Pueblo
Creada la figura del Defensor del Pueblo por la Constitución de 1978, el primer titular fue elegido en diciembre de 1982, resultando necesario dotar a la Institución de una sede adecuada para sus oficinas. Se optó por el Palacio Bermejillo, haciéndose cargo de la rehabilitación y reforma la Dirección General del Patrimonio del Estado que, oportunamante autorizada por el Consejo de Ministros (Decreto de 23 de Diciembre de 1963), lo había adquirido el 6 de febrero de 1964.
Inicialmente el Palacio fue adscrito al entonces Ministerio de Educación Nacional que lo destinó a albergar a la Dirección General del Patrimonio Histórico, después al Instituto Nacional de Educación Especial y más adelante al que hoy es Real Patronato sobre Discapacidad, presidido por la reina Sofía, quien ocupó uno de los despachos de este palacio.
El edificio, debido al uso intenso a que había sido sometido, sufría un deterioro notable que hizo necesaria una completa rehabilitación para adecuarse a la nueva función a la que estaba destinado.
La reforma procuró adecuar los espacios existentes a su nuevo uso, superando las dificultades que suponía la adaptación de una obra concebida como residencia familiar a otro tan distinto. El cambio esencial consistió en romper verticalmente el espacio central sobre el que se abrió un gran lucernario de cristal. Se conseguía de esta forma recuperar el sentido inicial del patio que, fruto de una reforma anterior, había sido cegado al añadirse un forjado sobre el primitivo artesonado de cristal.
Para ganar espacio útil, con soluciones mínimamente traumáticas para la conservación del edificio, se elevó un metro, aproximadamente, la altura de la última planta posibilitando, con ello, la instalación de despachos. Se aprovechó el espacio de las torres respetando su fisonomía exterior cerrándolas con un acristalamiento interno no visible desde fuera. También sobre el vestíbulo de acceso se acondicionaron con cerramientos acristalados los espacios disponibles.
La rehabilitación, respetuosa con el lenguaje arquitectónico del proyecto primitivo de Laredo, se orientó a restaurar los elementos decorativos de las fachadas reponiéndolos a su estado original, en el exterior; y en el interior, a recuperar en la medida de lo posible todos los materiales y elementos originales del palacio, como, por ejemplo, la magnífica chimenea del siglo XIX de la actual biblioteca que estaba arrumbada en el sótano. Cuando ello no fue posible, se encargó expresamente la fabricación de otros similares que los completasen o sustituyesen. Algunas piezas de cerámica de Sevilla y Talavera, empleadas en suelo y zócalos, hubieron de ser fabricadas ex profeso para acompañar a las originales, antiguas y valiosas.
En 1998 se llevó a cabo otra reforma del palacio, más puntual, para acondicionar el edificio a los requisitos de accesibilidad para personas con movilidad reducida. Para que estas reformas no alterasen el diseño original del acceso al edificio por la calle Fortuny, se ha habilitado una entrada exenta de barreras arquitectónicas, a partir de la cual, gracias a la adaptación del ascensor, es posible acceder a la totalidad del edificio.
La restauración de que ha sido objeto el Palacio Bermejillo ha permitido la recuperación de un edificio notable, pese a haber perdido su perspectiva original, al quedar parcialmente oculta su fachada por el paso elevado sobre el Paseo de la Castellana.
_________________ El molinero soy yo.
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